Mitos sobre la hipnosis

Mitos sobre la hipnosis

¿Qué es la Hipnosis?

Según la definición de hipnosis ofrecida por American Psychological Association, Division 30: Society of Psychological Hypnosis (2005), «la hipnosis supone un proceso durante el cual al sujeto se le administran sugestiones que fomentan experiencias imaginativas (…) La inducción hipnótica se utiliza para estimular y evaluar respuestas a las sugestiones. Durante la hipnosis, el sujeto es dirigido por el hipnotizador con el fin de que responda a sugestiones que producen cambios en la experiencia subjetiva, alteraciones en la percepción, sensación, emoción, pensamiento o conducta. Las personas pueden también aprender auto-hipnosis, que sería el acto de administrarse procedimientos hipnóticos a uno/a mismo/a. Si el sujeto responde a las sugestiones hipnóticas, generalmente se infiere que ha sido hipnotizado. Muchos creen que las respuestas y experiencias hipnóticas son características de un estado hipnótico, mientras que otros piensan que no es necesario utilizar el término «hipnosis» como parte del proceso de inducción hipnótica».

El proceso hipnótico es en esencia una relación de comunicación entre hipnotizador e hipnotizado que pretende generar comportamientos determinados basados en cambios en la experiencia subjetiva, respuestas somáticas y ejecución motora en función de ciertas sugestiones previas (Kihlstrom, 1985). En la medida en que este comportamiento se ajusta mejor a las sugestiones administradas, el sujeto es más hipnotizable; en la medida en que el comportamiento no es congruente con las sugestiones administradas, el sujeto es menos hipnotizable.

A lo largo de su evolución histórica, el desarrollo de la hipnosis científica ha ido paralelamente acompañada de su vertiente folclórica, la hipnosis de espectáculo. Igualmente, y debido a la falta del suficiente rigor científico en el estudio de las características del proceso hipnótico, este campo de estudio ha proporcionado un perfecto caldo de cultivo para la elucubración y creación de teorías pseudocientíficas derivadas, a menudo, de la observación sesgada y fácilmente generalizable a partir de casos únicos, pero de difícil contrastación empírica. Además, la hipnosis a menudo se ha emparentado con las llamadas ciencias ocultas, el esoterismo, la parapsicología, etc., contribuyendo sobremanera a dificultar un tratamiento rigurosamente científico, objetivo y libre de prejuicios y apriorismos. Todo ello ha favorecido el desarrollo y mantenimiento de ciertos mitos y concepciones erróneas sobre lo que es y como funciona la hipnosis. Lejos de poderse relegar al baúl de la superchería, estas mistificaciones pueden influir decisivamente en las aplicaciones clínicas de la hipnosis (Capafons, 1998; González Ordi, 2001).

Algunas de las cuestiones que más frecuentemente suelen conllevar mistificaciones acerca de la hipnosis suelen ser: ¿cualquier persona puede ser hipnotizada?, ¿puede usted hipnotizarme aunque yo no quiera?, ¿pueden forzarme a decir o hacer cualquier cosa, contra mi voluntad, mientras estoy hipnotizado?, ¿es peligroso ser hipnotizado?, ¿es posible que no pueda despertarme una vez que esté hipnotizado?, ¿es posible que, a pesar de que quiera, no consiga entrar en hipnosis?, ¿estar en hipnosis es como estar dormido?, ¿me enteraré de lo que ocurre o, por el contrario, perderé la conciencia mientras esté hipnotizado?, ¿las personas que no son muy inteligentes, pueden ser hipnotizadas?, ¿qué me pasaría si cuando estoy en trance a usted le ocurre alguna desgracia y no puede continuar la sesión?, y un largo etcétera.

En relación con estas preguntas, una clarificación seria, comprensible y sistemática, supone que el sujeto o paciente conozca más profunda y precisamente «qué es y qué no es la hipnosis», favoreciendo su implicación en el proceso y, con ello, expectativas positivas de éxito de cara a la ejecución hipnótica. Brevemente, algunos tópicos mistificados y que la investigación de laboratorio ha refutado empíricamente son los siguientes:

hypnosis

1. La hipnosis es una forma de sueño que implica pérdida de la consciencia

Muy al contrario, la evidencia experimental y clínica sugiere, en palabras de Sheehan y McConkey (1982), que: «Las pruebas hipnóticas, tal como las observamos en el laboratorio o en el ámbito clínico, producen comportamientos que evidencian que el sujeto participa activamente. El sujeto hipnótico piensa, siente, o se comporta como una persona en un contexto determinado en el cual la situación hipnótica influye, conjuntamente con las habilidades y capacidades del sujeto, para determinar los resultados finales que observamos» (Sheehan y McConkey, 1982, xi).

2. El hipnotizador tiene un «poder especial» para inducir hipnosis

No, en absoluto. La investigación científica ha demostrado claramente que muy pocas son las características distintivas que diferencian a un buen hipnotizador (Hilgard, 1965). Dichos aspectos, en cualquier caso, entrarían dentro de lo que actualmente denominamos habilidades del terapeuta; dicho de otro modo, un buen hipnotizador es aquel que consigue aplicar las técnicas más adecuadas, en el momento adecuado, adaptándolas adecuadamente para cada persona y según lo determine la situación experimental o clínica. Por lo demás, la investigación científica actual ha desplazado el centro de interés en el proceso hipnótico desde el operador al sujeto hipnotizado, ya que la obtención de una buena sesión de hipnosis no depende tanto del operador, o del tipo de inducción realizada, sino de las propias capacidades cognitivas del sujeto como agente activo y propositivo; en palabras de Diamond (1989): «no sería tanto una cuestión de la creatividad o destreza del hipnotizador excepto en el sentido en que el operador crea las condiciones apropiadas para permitir que el sujeto utilice sus propias capacidades» (Diamond, 1989, pp. 391).

3. El individuo hipnotizado no puede falsear el relato de una situación o acontecimiento

En general, los resultados experimentales evidencian que la hipnosis no es necesariamente superior a otras técnicas psicológicas a la hora de aumentar el reconocimiento y el recuerdo de un material previamente aprendido, ya que aunque se ha comprobado que la hipnosis aumenta el recuerdo de material significativo, lo hace tanto para los ítems correctos como incorrectos o distorsionados. Clínicamente, la hipnosis puede ser utilizada en el tratamiento de las consecuencias emocionales de las experiencias traumáticas. Así, aunque el material recordado pueda ser inexacto, su «validez emocional» puede emplearse efectivamente en la intervención terapéutica (Brown, Scheflin y Hammond, 1998; McConkey y Sheehan, 1995).

4. En hipnosis, el sujeto realizará cualquier cosa que el hipnotizador le pida

Tanto los estudios de laboratorio como la experiencia clínica cotidiana aportan suficiente evidencia que los individuos hipnotizados pueden dejarse influir por las sugestiones hipnóticas hasta el límite que ellos mismos consideren permisible; cualquier intento a través de la hipnosis por transgredir normas éticas y morales dependerá más del sujeto que del hipnotizador.

5. La hipnosis supone la pérdida de control del comportamiento del sujeto

A pesar de la creencia generalizada de que, una vez en hipnosis, el sujeto perderá el control de la situación en favor del hipnotizador, la experiencia clínica indica generalmente que:

(1) ningún sujeto puede ser hipnotizado si no desea realmente hacerlo;(2) de la misma forma que un sujeto «decide» ser inducido a hipnosis, puede «decidir » terminar el proceso cuando lo desee, aunque generalmente espera que sea el terapeuta quien se lo indique;(3) el sujeto puede ser remiso o negarse a decir o hacer algo que el terapeuta le pida durante el transcurso de la sesión hipnótica; (4) el sujeto hipnotizado puede fabular o incluso mentir durante la hipnosis; (5) el sujeto puede experimentar unas sesiones de hipnosis mejores que otras, ello no depende tanto de las habilidades del terapeuta sino de aspectos motivacionales, estado de ánimo, nivel de fatiga, etc, del propio paciente. Sin embargo, también ciertos sujetos afirman que en muchas ocasiones ellos no son directamente responsables de sus acciones a lo largo de una sesión de hipnosis, con comentarios como «era como si mi brazo derecho se elevara solo», «la voz del terapeuta ejercía un poder especial sobre mí», «no pude evitar cerrar los ojos cuando el terapeuta me lo dijo», etc. Este fenómeno es conocido en la literatura especializada como «involuntariedad» y hace referencia al hecho de la experiencia subjetiva de los acontecimientos como producidos de forma «automática» o «sin el concurso directo de la voluntad del sujeto» (Lynn, Rhue y Weekes, 1989). En muchos sentidos, este fenómeno ha favorecido el mito de la pérdida de control bajo hipnosis. Sin embargo, actualmente la evidencia empírica sugiere una interpretación más bien en términos contextuales que la existencia real de pérdida de control. En efecto, los autoinformes de involtariedad pueden ser explicados en función de las propias características del contexto de la hipnosis, especialmente por el tipo de instrucciones administradas y las expectativas de los sujetos. Como han comprobado Cangas Díaz, Pérez Álvarez y Errasti Pérez (1994), el componente verbal en la ceremonia hipnótica es fundamental en las respuestas de los sujetos. Así, es más probable que obtengamos un autoinforme de involuntariedad favorable si decimos «su brazo derecho se está elevando automáticamente a medida que usted escucha mi voz», que si afirmamos simplemente «eleve su brazo derecho lentamente».

6. La hipnosis requiere una actitud pasiva

Como se ha señalado anteriormente, el sujeto hipnotizado no es un agente pasivo, «robotizado por las ordenes del hipnotizador». Bien es cierto que buena parte del proceso hipnótico es principalmente dirigido por el hipnotizador y que el sujeto debe permitir «dejarse llevar» por el efecto de las instrucciones; sin embargo, contrariamente a la presunción generalizada, el individuo debe esforzarse en utilizar sus habilidades cognitivas, entre las que se incluyen la capacidad de imaginación, la implicación emocional, la focalización de la atención, etc., con el fin de experimentar subjetivamente las modificaciones sugeridas por el operador (Diamond, 1989; Sheehan y Robertson, 1996).

7. La hipnosis crea dependencia

La hipnosis tradicional conlleva generalmente que el paciente se «deje llevar» por las sugestiones del hipnotizador, pero no implica necesariamente un aprendizaje posterior de las estrategias hipnóticas para conseguirlo por sí mismo; por ello, el paciente depende en gran medida del terapeuta si quiere beneficiarse de la hipnosis. Aunque esta ha sido una de las grandes críticas a la hipnosis como técnica terapéutica, una de las formas de soslayar este problema sería a través del aprendizaje de técnicas de autohipnosis. En esencia, por autohipnosis se entiende la habilidad que posee un sujeto o paciente para inducirse a si mismo un estado de relajación profunda o hipnosis, mediante la autoaplicación de instrucciones adecuadas, y la capacidad para realizar por si mismo aquellos comportamientos propios del dominio de la hipnosis (Hilgard, 1973): analgesia, hipermnesia, sugestiones posthipnóticas, etc. Las técnicas de autohipnosis se conciben como la prolongación del proceso hipnótico en donde el protagonismo va desplazándose progresivamente desde el terapeuta al paciente, a medida que este último va aprendiendo cómo sugestionarse a sí mismo; porque, como muchos clínicos afirman «toda la hipnosis es en esencia autohipnosis» (Kroger, 1963); esto es, el fin último de cualquier intervención con hipnosis es que el paciente aprenda a utilizar la sugestión como estrategia personal en cualquier situación de la vida cotidiana, especialmente aquellas para las cuales existe un mayor déficit de habilidades de afrontamiento.

8. La hipnosis es peligrosa

En una revisión ya clásica, realizada por Coe y Ryken (1979), no se encontró suficiente evidencia, tanto para estudios de laboratorio como en la práctica clínica, para afirmar que el uso de la hipnosis contraiga peligros para la salud física y mental, siempre y cuando la aplicación de estas técnicas hubiera sido realizada por profesionales de la salud con suficiente experiencia. En este sentido, parafraseando a Ernest R. Hilgard, la hipnosis es como utilizar un estetoscopio y lo que usted haga con ella es más importante que la destreza rutinaria; en otras palabras, lo más importante de la hipnosis no es hipnotizar, sino cómo utilizar las sugestiones hipnóticas adecuadamente durante una intervención terapéutica.

Extraido de: Psicología Conductual, Vol. 14, Nº 3, 2006, pp. 467-490
HIPNOSIS CLÍNICA: APLICACIONES DE LAS TÉCNICAS DE SUGESTIÓN EN PSICOLOGÍA CLÍNICA Y DE LA SALUD Héctor González Ordi. Universidad Complutense de Madrid